Como extraño tu singular compañía
de aquellas horas, que a ti recurría
para narrarte mis avatares,
mientras en tu casa transcurría ,
la paz de la experiencia, a mares.
Como extraño aquellos momentos
de nuestros entrañables encuentros,
en los que te contaba mis proyectos,
mis ideas y pensamientos,
que eran para otros, secretos.
Como extraño padre amado
tu bondadosa sabiduría,
transmitida con aire pausado,
ante mi animosa bizarría
de hombre atrevido, inexperimentado.
¡Que buenas eran esas confidencias!
¡Que necesario tu apoyo desinteresado,
que ponía tranquilidad en mi conciencia,
estuviera o no preocupado,
con la carga inseparable de mis vivencias!
Como quisiera retornar a aquellos tiempos,
para revivir tu inestimable compañía,
y, celebrar de nuevo, todos los momentos
de profunda meditación y sabiduría
que me evitaban arrepentimientos.
¡Ay, Padre mío! ... Todo ha pasado,
menos tu recuerdo imborrable,
que vivirá en mi memoria atado
como sentimiento de amor inolvidable
hacia tu ser de hombre bueno, siempre amado.
Quien te conoció , y de ti, habló conmigo,
después del tiempo transcurrido,
te recuerda con grata simpatía,
y me cuenta de cada momento vivido
en tu agradable y cordial compañía.
Tu ausencia no quedó en el olvido.
Tus amigos, tus hijos y tus nietos,
tienen por ti intacto el afecto
por todo lo que hacías y has sido
como amigo, como padre y abuelo.
Dios que ama lo bueno,
espero que te tenga en lugar adecuado,
y que tu espíritu justo y sereno ,
esté velando siembre a nuestro lado
compartiendo nuestro devenir circunstanciado.
Padre, seguirás siendo mi confidente;
cada vez que tenga ansiedad espiritual,
pues tu memoria en mi está presente
y auque ausente, a ti recurriré igual,
por la vía invisible de mi mente.
( Buenos Aires 23 /4/ 1987)
|